Audiencia 28 de noviembre de 2013

En el día de la fecha brindaron testimonio Lucía Coronel, Jorge Pomponi, Pedro Sandoval Fontana, Miguel Corsi, y Juan Carlos Chachques. Lucía concurrió a contar lo que pudo respecto al asesinato de su papá, Juan Carlos Coronel, conocido como “Julián”, o “el Negro”, de su propio secuestro y de la desaparición forzada de su mamá, María Cristina Bustos de Coronel, a quien apodaban “Lucía” o “la flaca”. Ambos estudiaban abogacía. Su papá, nacido en Tucumán, era poeta, militante de las FAR y luego Secretario Político de Montoneros. María era militante peronista de base. Lucía dio testimonio también de la desaparición de su tío, Joaquín Coronel, a quien llamaban “el gato”. Joaquín, al igual que su mamá, era militante del peronismo de base y presume que era de la JUP. Desapareció cuando tenía 28 años. El segundo en declarar fue Jorge Pomponi, quien dio cuenta de su secuestro, el de su padre Joaquín Pomponi, y el de su cuñado, Federico Marcelo Dubiau, el 21 de agosto de 1977. Jorge contó que producto de un “pase de facturas” entre la marina y la secretaría de inteligencia es que fueron secuestrados los tres. Producto de ello pasaron de la comisaría XXIII, a Campo de Mayo, de allí a la ESMA y de la ESMA a una cárcel en Ezeiza donde fueron puestos a disposición del Poder Ejecutivo Nacional. Tras dichos testimonios brindó el suyo Pedro Sandoval Fontana, quien fuera apropiado hasta el año 2004 cuando comenzó el proceso que lo llevaría a recuperar su identidad. En su testimonio recuperó la memoria de sus padres, Liliana Clelia Fontana de Deharbe (“Pati”) y Pedro Fabián Sandoval, ambos oriundos de la provincia de Entre Ríos. Mientras su mamá inició su militancia con el padre Mugica, su papá comenzó la suya junto a Gustavo Rearte, en la Juventud Revolucionaria Peronista que luego deviniera en Movimiento Revolucionario 17 de octubre. Al momento de su desaparición forzada, su mamá tenía 20 años y su papá 32. A la vez, Pedro habló de la complicidad de las fuerzas de seguridad y del poder judicial actuales con las fuerzas de represión de ese entonces. A continuación, brindó su testimonio Miguel Alejandro Corsi, quien concurrió a brindar testimonio por su hermana María Irina Corsi, a quien conocían como Mariel. Ella estudiaba veterinaria y militaba en la JP.

La audiencia comenzó con el testimonio de Lucía, quien presentó a sus papás diciendo que ambos contaban con formación política acorde a la familia y a los tiempos que corrían por ese entonces. Su papá cayó preso en 1971 y salió en la amnistía de 1973. Durante su encarcelamiento conoció a María, quien defendía a presos políticos.

Juan Carlos fue asesinado en un operativo a cargo del Coronel Roualdes, el 29 de septiembre de 1976. En aquella ocasión fue asesinado el resto de los secretarios políticos nacionales. Juan Carlos tenía 32 años. A partir de ese entonces, la mamá quedó desprotegida. Al momento de su desaparición, estaba intentando salir del país para proteger a sus hijas. Para ello intentó contactar a Rodolfo Walsh y se fue a vivir a la casa de una tía donde estaría más protegida.

El 14 de marzo de 1977, María salió junto a Lucía de 10 meses y dejó a su otra hija de 2 años en lo de su tía. Al ver que no regresaba después de un tiempo, la tía contactó al hermano del padre, se comunicaron con los abuelos e iniciaron gestiones para dar con ellas. Gracias a un canillita lograron saber que habían sido metidas por dos personas en un Falcon gris.

En el proceso de búsqueda, la abuela llegó al Hospital Pedro Elizalde donde se encontraba Lucía con sus datos completos. A Lucía la habían dejado abandonada en la guardia del hospital con una nota manuscrita que decía que el padre había muerto y la madre no podía hacerse cargo. En la misma nota consignaban los datos de los abuelos y de un vecino. El director del hospital hizo la denuncia en la Comisaria XVI, la cual dio parte al juez de menores, el cual a su vez la puso en custodia y la dejó a disposición de la policía. A la abuela le costó largas gestiones poder llevarse a Lucía, ya que no contaba con medios para probar el parentesco. Recién el 19 de marzo podrá hacerlo. Según la historia clínica del hospital, a la cual su abuela no pudo acceder, y ella recién pudo en 1994, había sido ingresada el 15 marzo.

Se enteró por su abuela que mientras ella hacía gestiones para recuperarla, había un niño en las misma condiciones que Lucía en el hospital.

De acuerdo a lo que le pudo saber gracias al CELS, Lucía estuvo durante un día junto a su mamá en la ESMA.

En sus intentos por dar con María, los abuelos de Lucía presentaron 19 Habeas Corpus, los cuales fueron rechazados. Además hicieron gestiones y presentaciones frente al Ministerio del Interior, a la OEA, a la CIDH y a Conferencia Episcopal.

Lucía no pudo conocer a su padre ni por fotos. De su madre tendrá información recién gracias a los legajos de la CONADEP. En ellos, Graciela Daleo se hace eco de numerosos testimonios para afirmar que estuvo allí María. Luego, Martín Grass, mejor amigo de su padre le dirá que no la vio personalmente, pero se enteró que estaba allí. La madre estuvo poco tiempo porque no les “servía” para desmantelar ninguna estructura organizativa de Montoneros.

Habiéndose tratado de un hecho publicitado, pudieron recuperar el cuerpo de su padre. Según pudo saber, el médico que debía recibir el cuerpo se negó a hacerlo ya que se encontraba acribillado. Por ello quedó durante varias horas dentro del camión en el cual había sido llevado. Finalmente fue forzado a aceptarlo cuando responsables del ejército se acercaron y amenazaron con dejar el cuerpo abandonado en la calle.

Finalizando su testimonio, Lucía habló del horror que acompaña toda la vida por crecer huérfano, sin posibilidad de dar un cierre por la falta del cuerpo de su mamá y de su tío y pidió que se juzgara también la responsabilidad del poder judicial.

Tras el testimonio de Lucía, brindó el suyo Jorge Pomponi, quien fue secuestrado el 21 de agosto de 1977, cuando se encontraba en la casa de amigos, en Coronel Díaz y Libertador. Según recordó, entre las 21 y 22 horas irrumpieron en dicho domicilio uniformados de la Policía Federal, los cuales se identificaron como tales. Éstos lo encapucharon, lo condujeron hasta un vehículo estacionado fuera del edificio y con éste lo llevaron a la comisaria XXIII. Al recordar la capucha Jorge señaló la impunidad con la cual se manejaban, por la cual no resultaba ya extraño ver gente que llevada encapuchada.

Una hora después del procedimiento en el cual lo secuestraron, hicieron un procedimiento similar en el cual secuestraron a su padre, Joaquín Pomponi y a su cuñado Federico Marcelo Dubiau, a quienes también condujeron en primera instancia a la comisaría XXIII. Para secuestrar a su padre, hicieron que el portero del edificio le pidiera que saliera.

Desde la comisaria los llevaron a Campo de Mayo, donde los recluyeron en celdas destinadas para soldados que cometían delitos. Allí eran custodiados por personal de gendarmería. Tras interrogarlos y retenerlos por algunos días allí, los llevaron a la ESMA. Hasta allí fueron tirados cual si fueran bultos en el piso de una camioneta.

Dentro de la ESMA, estuvo en Capucha. Allí, alguien que se hacía llamar “Pedro” le dijo dónde se encontraba. Supuso que se trataba de alguien de jerarquía, ya que los “verdes”, los cuales eran quienes los cuidaban, lo trataban con mucho respecto.

Durante su cautiverio, Jorge trabó relación con “Ricardo”, un capitán montonero. Este le había disparado al Almirante Buzzeti en la boca y eso mismo le hicieron a él. Según le dijo Ricardo sus tormentos se limitaron a ello. Jorge supone que Ricardo nunca salió. Quienes se quedaban le daban sus datos a quienes iban saliendo para que dieran testimonio de su cautiverio. El recabó datos de otros secuestrados con papel y lápiz que le consiguió Norma Arrostito y luego los presentó en la CONADEP. Como era más conocido, los otros secuestrados le confiaban más a Ricardo y era a él a quien le dieron sus datos. A su vez, Ricardo se los dio a Jorge cuando iba a salir.

En relación a la existencia de mujeres embarazadas en la ESMA, Jorge señaló que camino al baño, en “Pecera”, había un sector donde las tenían cautivas y que él, a través del tabique, pudo ver al menos a cuatro.

Durante su secuestro, Jorge recordó que los cautivos de capucha eran enseñados como trofeos. Al menos 2 veces por mes se producían estas “visitas guiadas” con al menos 3 o 4 “visitantes” por ocasión. En una de la ocasiones recuerda haber visto por debajo del tabique, uniformes de gala. Chamorro era uno de los que brindaban esas “visitas”.

Para poner fin a su cautiverio clandestino, Jorge fue conducido a “Puente 12” y desde allí, en un celular del servicio penitenciario federal, y con custodia de la marina, fue conducido a una cárcel en Ezeiza. Allí fue llevado a enfermería y pudo entrar en contacto con su familia y abogados. Gracias a las gestiones de su familia, fue colocado a disposición del Poder Ejecutivo Nacional.

Según contó Jorge, tanto él, como su padre, como su cuñado, trabajaban para la SIDE y el secuestro de los tres fue un arreglo de cuentas entre la SIDE y la marina, por un problema entre ambas fuerzas.

Respecto a la secuelas físicas y psíquicas del secuestro, Jorge contó que su padre desarrollo problemas cardíacos y su cuñado, un trastorno depresivo. Finalmente, su cuñado se suicidó.

Luego de la declaración de Jorge, llegó el turno de Pedro Sandoval Fontana, quien concurrió a contar cuanto pudo al respecto de la desaparición de sus padres y de su proceso de recuperación de identidad.

En el año 2004 se detuvo a su apropiador. Tras enterarse por el diario Clarín que ello había sucedido, lo confrontó y éste le dijo que se trataba de “un tema político”, ya que en los años 90 había sido asesor político. Tras ello, lo llamaron desde el tribunal de la jueza Servini de Cubría para informarle que podía haber sido apropiado.

En el año 1977 fueron secuestrados sus padres. Para ese entonces su madre estaba embarazada de 2 meses y medio. En primera instancia fueron conducidos a CCDTyE “El atlético”. Según pudo reconstruir, su padre pasó por diferentes CCDTyE. De boca del “Turco Julián”, se oyó decir en una ocasión, refiriéndose a su padre, que había sido “patito al agua”.

Tras saber que fue apropiado, Pedro mantuvo relación con su apropiadora durante unos dos meses más. Tras una pelea, ella le contó que su apropiador lo llevó a la casa el 4 de abril de 1978. Lo cual le brinda un mínimo consuelo, ya que lo reconforta pensar que entre el 27/28 de diciembre de 1977 y la fecha en la cual fue a la casa de sus apropiadores, habría estado con su mamá. Agregó luego que nunca sabría la verdad, pero que se aferra queriendo pensar que hubo algún momento hermoso con su mamá en todo ese mundo de locura

Según contó Pedro, Parodi, el secretario de Servini de Cubría lo citó en una ocasión para hablarle supuestamente de la importancia de la identidad, y le ofreció perder el expediente de su apropiador por $250.000-, para que quedara libre.

Tras ello, se negó en varias ocasiones a hacerse los análisis de sangre que le solicitaban del tribunal. En una ocasión fue citado por su apropiador, quien le informó que iban a allanar su domicilio y le dio ropa, cepillo de dientes y peine para que entregara a quienes concurrieran a llevar a cabo el operativo. Al poco tiempo fue la policía federal a efectuar el procedimiento y Pedro les entregó las pertenencias que le había dado su apropiador. Por no haber respetado los códigos de procedimiento, él mismo tuvo que volverlo a hacer.

El 14 de julio de 2006 le confirmaron su identidad. Desde entonces se incrementó su lucha interna, entre su familia y sus apropiadores. Su abuelo quería contarle constantemente de sus padres, pero él no quería oír. Hasta el año 2009 se limitó a escuchar sin comprender lo que le decía su familia, pero luego pudo comenzar a armar su vínculo. A decir suyo, estará eternamente agradecido a “Abuelas” y “Madres” por haber sabido respetar sus tiempos.

Para finalizar, Pedro dijo que los juicios son muy importantes para todos aquellos a quienes les robaron la identidad, ya que resultan un quiebre. Además pidió a los defensores que aportaran de manera anónima aquello que saben.

A continuación de Pedro, dio su testimonio Miguel Alejandro Corsi, quien fue a testimoniar respecto a la desaparición de su hermana, María Irina.

Miguel contó que, proveniente de una familia de clase media radical, en el año 1973, María se volcó a la militancia en la JP, en la facultad de Veterinaria, que era donde ella estudiaba.

Según relató Miguel, María fue secuestrada del domicilio que compartían con sus padres, el 22 de noviembre de 1976, por personal con vestimenta de la Marina. De su operativo participaron al menos dos camionetas F100 y uno o dos Falcon. El personal que lo llevó a cabo estaba fuertemente armado con ametralladoras, FAL y armas cortas. Junto con María se llevaron una libretita suya que exhibían cual si fuera un trofeo. Quienes se la llevaron dijeron que lo hacían al departamento de policía. Al día siguiente, fue el papá a preguntar por ella y no obtuvo respuesta alguna.

A las dos semanas de su secuestro, María los llamó en lo que sería el último contacto que tuvieron con ella.

En los intentos por dar con ella, lograron conseguirle la ciudadanía italiana. El gobierno de Italia ejerció alguna presión pero no consiguió nada. Por otra parte, un primo suyo era subsecretario de energía en aquel entonces y cada dos o tres semanas se reunía con Videla. Cuando le preguntó a éste por ella, le respondió que esas cosas no se preguntaban.

Para finalizar, Miguel agradeció la posibilidad de compartir la “macabra” experiencia y dijo que, aunque fuera tarde, esperaba que se pudiera hacer justicia.

 

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