Representar a los juicios. La prensa escrita y la cobertura mediática de los juicios a los responsables del genocidio en Argentina

Natalia Paola Crocco
Lic. en Sociología

En el año 2003, con la llegada del presidente Néstor Kirchner al gobierno se impulsa una serie de medidas fundamentales en relación a la memoria, la verdad y la justicia del pasado de violencia estatal masiva ejercida en el marco de la última dictadura cívico militar. Como correlato de la anulación de las leyes y los decretos de impunidad que impedían el proceso de juzgamiento de los responsables del genocidio en Argentina, en 2005 la Corte Suprema de Justicia de la Nación declara inconstitucional el paquete  legislativo que bloqueaba el ejercicio de la justicia penal respecto a los crímenes cometidos por la dictadura.

Como efecto de estas decisiones de carácter político, la justicia nacional comenzó un proceso de apertura de investigaciones penales (que sigue al día de la fecha)  a los fines de elevar a juicio nuevas causas judiciales con el objetivo de juzgar a los responsables. Desde su inicio, este inédito proceso de juzgamiento masivo, ha sido acompañado por la labor periodística gráfica (periódicos) convirtiéndose en el espacio de reflexión y formación de opinión con mayor alcance al conjunto de la sociedad.

Los medios de comunicación tienen una responsabilidad fundamental a la hora de re-presentar procesos históricos dado su rol interpelante y su situación de poder para hacer circular determinados discurso con criterio –y pretensión- de verdad (Foucault, 1999) por su posición de enunciación legítima y por su capacidad de producción de objetos sociales (Bourdieu, 1998) dando cuenta del régimen histórico de lo (in)decible (Foucault, 2008). Metafóricamente, los medios pueden considerarse un “termómetro” de determinados discursos que pueden aparecer en ciertos momentos y contextos históricos sociales y no en otros. Dependiendo del medio de comunicación, la construcción de sus discursos será distinta pero claramente estará fuertemente condicionada por el contexto histórico que será la condición de posibilidad de la aparición de determinados discursos y no de otros. Los distintos relatos construidos por los medios de comunicación tienen profundas consecuencias en la construcción de sentidos que permiten establecer modos diferentes de apropiación o ajenización de la experiencia de terror contribuyendo a la construcción de una memoria colectiva.

Los discursos periodísticos son construidos y se sostienen sobre determinados sentidos que circulan socialmente. Tienen la capacidad de  introducir representaciones, reintroducirlas, reforzarlas, activarlas y desactivarlas a partir de elementos simbólicos existentes en el imaginario social. Toda forma de representación sobre procesos de aniquilamiento masivo tiene implicancias ético políticas ya que éstas producen o reproducen distintas formas de elaboración de un pasado que se relaciona al terror y la violencia estatal. Es en este núcleo que los discursos periodísticos tienen una enorme capacidad de poner en circulación un cúmulo de diversas expresiones presentes en la sociedad masificando su significado.

El trabajo periodístico relacionado a estas temáticas es fundamental por su intensiva llegada a la sociedad (aún más en el siglo XXI donde todos los diarios tienen su sitio web con acceso a todas las notas) en términos de representación, nominación y atribución de sentido a los hechos (genocidio o crímenes de lesa humanidad) que se están juzgando y a los sujetos involucrados en los mismos (víctimas e imputados desde la lógica judicial).

En el año 1985, durante el “Juicio a las Juntas” se destacó principalmente la publicación de la editorial Perfil “El diario del Juicio” el cual fue publicado semanalmente entre el 25 de mayo de 1985 y el 28 de enero de 1986[1]. La misma fue muy importante ya que si bien los canales de televisión aún eran estatales y el gobierno radical[2] tenía la última palabra sobre la transmisión de las audiencias, se decidió no hacerlas públicas a través de su televisación.

En este sentido, el relato construido por los diarios y muy especialmente por “El diario del juicio” que se abocó únicamente a la exclusiva cobertura de las audiencias fue de suma importancia para informar a la sociedad y hacerla sentir parte del proceso de justicia que atravesaba a la ciudadanía en su conjunto luego de casi ocho años de violencia, censura y terror.

La publicación supo reponer los sucesos y la información circulante en los estrados a partir de la realización de entrevistas a los magistrados responsables del juzgamiento, reponiendo las versiones taquigráficas completas de testimonios emblemáticos de sobrevivientes de la experiencia concentracionaria, presentando artículos de opinión de expertos en materia jurídica, dando espacio a los organismos de derechos humanos, publicando información que involucraba directamente a los imputados y publicando en forma completa el alegato y la sentencia del juicio.

Veinte años después, con la nueva ola de juicios, siendo el primero en desarrollarse el proceso contra el ex represor de la policía bonaerense Etchecolatz[3], si bien la prensa gráfica venía acumulando una labor en relación a las temáticas vinculadas a la legislación de impunidad y luego a fines de la década del noventa la novedosa aparición de los Juicios por la Verdad, los nuevos juicios cambian el sentido sobre la impunidad en Argentina y en relación a la misma comienzan a articularse sentidos, representaciones y formas de nominar que antes no habían aparecido.

A partir del trabajo de archivo realizado de todas las notas, crónicas y editoriales de los diarios Página 12[4] y Clarín[5] desde el inicio de las audiencias del primer juicio luego de la anulación de la legislación de impunidad se puede observar claramente por un lado los relatos diferenciales de ambos diarios respecto al proceso judicial y los actores intervinientes en el mismo y por otro el fuerte cambio enunciativo y de representación luego de la condena judicial. Es decir el efecto performativo de la sanción jurídica sobre las formas de nominación de los hechos por parte de los medios de comunicación luego de la lectura de la sentencia donde se incorporó la figura de “genocidio”.

Desde el comienzo del juicio podemos observar como el diario Clarín titula indistintamente al proceso judicial a partir de los conceptos indicadores “derechos humanos”, “fuerzas armadas”, “delitos contra la humanidad”, “anulación de las leyes del perdón”, “juicio oral contra un represor”, “crímenes de la última dictadura” y como después de la sentencia que incorpora la figura de genocidio el diario se hace eco de esa denominación recuperando que los delitos cometidos por el represor fueron en el marco de un plan de exterminio sistemático y recalificándolo a partir del concepto de “genocida”. Con más claridad se puede observar la deriva nominativa de los actores involucrados en el proceso judiciales. Se denomina indistintamente como “victimas”, “guerrilleros”, “desaparecidos”, “ex guerrilleros”, “ex detenidos”, “terroristas” a las personas que sufrieron directamente la violencia estatal.

El mismo camino encontramos respecto a cómo se denomina la figura de Etchecolatz, lejos de nominarlo como “represor” hallamos una indistinción en las formas en que se hace referencia al mismo. Este recorrido en la nominación va desde el concepto de “represor” pasando por los de “ex mano derecha del fallecido Ramón Camps”, “ex comisarío”, “ex policía”, “ex oficial”, “ex director de investigaciones”, “anciano de 77 años”, “ex represor” hasta llegar a la calificación de “genocida” y adopción de la misma por parte del diario luego de la condena. Un dato significativo es que durante el transcurso del juicio no encontramos que se haya calificado a Etchecolatz como “imputado” lo cual lo colocaría en el lugar específico del acusado dentrióo del escenario de acusación judicial.

Lo mismo ocurre respecto a la conceptualización de los hechos de violencia estatal donde encontramos utilizado de forma indistinta “delitos cometidos en la dictadura”, “represión ilegal de la guerrilla”, “delitos de lesa humanidad”, y la presencia muy fuerte de la calificación de los hechos a partir de su denominación como “delitos comunes” de homicidio, tormentos y privación ilegítima de la libertad.

Si bien se puede pensar que Página 12 por su trayectoria histórica en relación a la cobertura y tratamiento de temáticas relacionadas a los derechos humanos realiza una mayor distinción en las formas de representar a los hechos, al introducirnos en la lectura sistemática del cuerpo de noticias se encontró también al igual que en Clarín una deriva de indistinción respecto a las calificaciones de hechos y actores, situación que se revierte luego de la condena a Etchecolatz cuando comienza a denominar a los hechos bajo el concepto de “genocidio” y a Etchecolatz como “genocida”. No se encuentran presentes en los relatos conceptos tales como “represión ilegal de la guerrilla”, “guerrilleros” y “terroristas” que aparecían en Clarín. Si se encuentra fuertemente presente el concepto de “terrorismo de estado” para dar cuenta de los hechos.

Otra diferencia fundamental presente en Página 12 respecto a Clarín es la presencia de la figura de cómo estos nuevos juicios vienen a cerrar un ciclo de “larga impunidad“, esta construcción discursiva emerge al comienzo del juicio con la nota de la periodista Laura Vales “Cerca del fin de una larga impunidad”[6], es reafirmada en la entrevista al Juez Carlos Rozanski luego de la lectura de la sentencia y prosigue con fuerza aún mayor luego de la segunda desaparición del testigo Jorge Julio López[7].

Al día de la fecha se continua juzgando a los responsables del genocidio en Argentina y luego de casi 10 años de la primer condena, la sociedad sigue siendo receptora de gran parte de estos procesos a partir de la información construida por los medios de comunicación. Es labor de las ciencias sociales poder desentrañar y dar cuenta de cómo estas construcciones discursivas diferenciales contribuyen a la construcción de una memoria colectiva sobre un pasado de violencia estatal y terror.


NOTAS:

[1] “El diario de los Juicios” contó con un cuerpo de 36 ejemplares cuya tirada estuvo comprendida entre el 27 de mayo de 1985 y el 28 de enero de 1986 siendo de distribución semanal. Se puede acceder a la totalidad de sus ejemplares en versión digital en https://cdadum.wordpress.com/el-diario-del-juicio/.

[2] En referencia al gobierno del presidente Alfonsín (1983-1989) perteneciente al partido radical.

[3] Siendo el primer juicio en iniciarse luego de la anulación de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, el proceso oral comprendió de 23 audiencias que se dieron entre el 20 de junio y el 19 de septiembre de 2006. A la cabeza del juicio estuvo el Tribunal Oral Federal n° 1 de La Plata conformado por los jueces Carlos Rozanski, Horacio Insaurralde y Norberto Lorenzo, el fiscal fue Carlos Dalau Dum y tres fueron las querellas en representación de las víctimas.

[4] Página 12 surge en la década de 1987 como un diario de orientación progresista que desde su creación estuvo muy vinculado a la investigación y publicación de notas referidas a los Derechos Humanos. Para este artículo se ha tomado la totalidad de 80 notas periodísticas, crónicas y editoriales relacionadas al juicio comprendidas desde la fecha de inicicio del mismo hasta una semana después de la condena.

[5] Clarín es creado en el año 1945, hasta la década del ochenta estuvo muy alineado al ideario desarrollista, desde la década del sesenta es el diario con mayor tirada de Argentina. Para este artículo se ha tomado la totalidad de 23 notas periodísticas, crónicas y editoriales relacionadas al juicio comprendidas desde la fecha de inicio del mismo hasta una semana después de la condena.

[6] Miércoles 21 de junio de 2006

[7] Jorge Julio Lopez fue detenido ilegalmente por primera vez en octubre de 1976 permaneciendo desaparecido en distintos centros clandestinos de detención hasta el año 1979. En 2006 durante el juicio a Etchecolatz fue un testigo fundamental a la hora de implicar a quien fue su represor. Desapareció por segunda vez el 18 de septiembre de 2006, día en que se leyó la sentencia a Etchecolatz.

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