Audiencia 07 de noviembre de 2013

En el día de la fecha prestaron declaración testimonial Norberto Carlos Berner, Laura Siver Reinhold, María Florencia Labia y Beatriz Aisenberg. Norberto se hizo presente en carácter de hijo de Ernesto Eduardo Berner, también conocido como “Popo” y como “Mariano”, compañero de Isabel Teresa Cerruti. Ernesto fue jugador de rugby en el Club San Martín de la localidad de 3 de Febrero y estudiante de abogacía en la UBA. Hasta 1976 militó en la JUP en dicha facultad. A partir de ese momento debió abandonar los estudios y pasó a integrar la estructura de finanzas de la agrupación Montoneros. Ernesto “cayó”, en el marco de las caídas generalizadas de dicha estructura, producto de una cita cantada, el 11 de enero de 1977. Norberto aprovechó para agradecer a los compañeros de su papá y su mamá por el resguardo que le brindaron a su mamá (y a él) durante su embarazo. Asimismo comentó que se vio forzado a iniciar un juicio de filiación a su abuelo y a su papá para poder recuperar su identidad legal como hijo de Ernesto.

Tras el testimonio de Ernesto, Laura brindó el suyo y declaró haber nacido en el hospital naval. Sus padres son Marcelo Carlos Reinhold y Susana Beatriz Siver de Reinhold, y el médico Aldo Chiappe la entregó a pasaría a ser su padre de crianza.
La última en brindar su testimonio su Beatriz Aisenberg, hermana de Luis Daniel “Roni” y de Ariel “Tango” Aisenberg, ambos detenidos desaparecidos. El primero tenía 21 años y el segundo 18 años al momento de su desaparición forzada.

El primero en brindar testimonio fue Norberto, quien concurrió a narrar aquello que pudo reconstruir respecto a la desaparición forzada de s Sigue leyendo

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Sobre “víctimas”

Es necesario explicitar ciertos criterios que se van a manejar en el blog, ya que la imprecisión  puede conllevar  ambigüedades y confusiones. Una de las cuestiones fundamentales en este sentido es entender desde qué enfoque se habla de víctimas. En el caso específico de este juicio son juzgados 67 imputados por los hechos perpetrados contra 789 “víctimas” que constituyen 789 “casos”.

Desde nuestra perspectiva preferimos el término de afectados  cuando hablamos de los procesos genocidas. El uso de este término se acerca más a pensar que estos procesos afectan, de modos diferenciales, a la sociedad en su conjunto y no solamente a quienes han pasado por el aparato concentracionario. Por eso, planteamos que los afectados por el proceso genocida no son solo los detenidos desaparecidos, sino que lo son también sus familiares, sus afectos, sus contemporáneos y también las generaciones posteriores. Esto por supuesto, sin equiparar  la experiencia del  horror de quienes han sufrido el cautiverio, la tortura y las marcas de la represión en carne propia.

En síntesis, todo proceso genocida modifica de distintas formas a la sociedad en su conjunto.

Sin embargo en los juicios se utiliza otra lógica, derivada de la individualización de los delitos que subyace a la práctica jurídica. Se analizan las afecciones que se vinculan a prácticas de poder ejercidas sobre determinados sujetos y, en dicho contexto, la justicia cataloga como “víctimas” a quienes sufrieron en su propio cuerpo las marcas de la represión, a través del aparato concentracionario.

Entendemos que la noción de “víctima”, si bien es útil en el contexto jurídico, resulta simplista en tanto los afectados por las prácticas genocidas son considerados solamente en su vinculación con las acciones sistemáticas de las que fueron objeto y los delitos que el poder cometió contra ellos. Creemos que los que pasaron por el campo, los que sobrevivieron y los que no, son sujetos complejos portadores de sueños, ideas, compromisos y sentimientos que los constituyen identitariamente tanto o más que esa experiencia traumática, y que desde la perspectiva judicial se reduce solo a la experiencia vivida en su cautiverio.

Sin embargo, atendiendo a la lógica del juicio, que es el objetivo de este espacio, es que nos referiremos con la denominación de “víctimas” a esa parte de los afectados por las prácticas sociales genocidas que están siendo juzgadas en este tercer tramo del juicio ESMA y cuyos nombres desplegamos a continuación en su conjunto

Audiencia 24 de octubre de 2013

En el día de la fecha declararon Ricardo Alfredo Rodríguez y Enrique Ariel Ponce. Ricardo concurrió a dar cuenta de la desaparición de su hermano, Guillermo Raúl “El Negro” Rodríguez. Tras su breve declaración brindó Enrique Ariel Ponce, quien fue a declarar aquello que sabía respecto a la desaparición de su hermana, Ana María, quien cayó el 18 de julio de 1977. Según recordó su hermano, Ana María fue medalla de oro en el secundario, era docente y “se había recibido en historia en La Plata”. Además fue militante de la Federación Universitaria Revolucionaria, de la JP y aspirante a Montoneros. Familiarmente se la llamaba “Ani”, en la ESMA se la conocía como “Loli”. Sigue leyendo

Audiencia 17 de octubre de 2013

En la audiencia de hoy dieron su testimonio dos familiares de desaparecidos, Evelina Raab, hermana de Enrique Raab, y María Laskier de Rus, madre de Daniel Lázaro Rus. Ellas reconstruyeron la historia de sus familiares, sus amistades, su trabajo. María comentó que, en la búsqueda desesperada de su hijo, su marido escribió cartas a todos quienes pudo, inclusive a Videla, a Massera y al Papa de ese entonces. Todos dieron respuesta y por ello María presentó ante el Tribunal copias de dichas cartas. Por último, Alfredo Virgilio Ayala, sobreviviente de la ESMA, concurrió a realizar la ampliación de su declaración anterior. Explicó cómo lo obligaron a trabajar dentro de la ESMA debido a que los represores “habían montado una inmobiliaria”. Además, mencionó el tiempo que pasaron en la isla de Tigre y explicó qué significaba el término “traslado”. Sigue leyendo

Audiencia 16 de octubre de 2013

 

 La audiencia del miércoles 16 de Octubre comenzó con el testimonio de Paulina Ana Radunsky esposa de Daniel Bernardo Minucci y cuñada de Viviana Minucci, ambos permanecen desaparecidos.

Luego de que el tribunal le ordene relatar los hechos que la involucran, Paulina comenzó diciendo que el día 11 de noviembre de 1976, su esposo no volvió a su casa de Villa Adelina y, alrededor de las 5 de la mañana ella se retiró del domicilio sospechando que algo le había pasado. Debido a que Daniel en ese entonces trabajaba en anilinas argentinas, era habitual que se quedara después de hora en su trabajo cuidando el proceso de tintura. Sin embargo, esa noche él no había avisado que se ausentaría. Sigue leyendo

Audiencia 10 de octubre de 2013

En esta audiencia brindaron testimonio Lucía Corsiglia Mura y Carlos Alberto Viñas. Lucía dio cuenta de la desaparición de su mamá, Cristina Mura, y de su papá, Hugo Arnaldo Corsiglia. Ambos tenían 27 años al momento de su desaparición forzada. Su mamá era médica pediatra y trabajaba en el Hospital Italiano de Buenos Aires, en su consultorio particular, y en la Sociedad Española de Socorro Mutuo. Familiarmente la llamaban “Quica” o “La Gorda”. A Hugo se lo conocía como “Bambi”, “Enano” y “Cabeza”. Él había estudiado arquitectura y durante algún tiempo trabajó como dibujante. Perteneció a las FAL “22 de Agosto” y para el momento en el cual fue secuestrado, se había incorporado a la OCPO. Militó en la facultad de arquitectura de La Plata, hasta tuvieron que abandonar la capital bonaerense debido a la persecución.
En su relato, Lucía abrió un espacio para el reconocimiento de la lucha que llevó a cabo su abuela, Esther Mayor de Mura, quien a decir de ella, hizo todo lo que pudo y más, no dejando jamás de buscarlos. A la par que la criaba a Lucía, se presentó ante la OEA, ante el Ministerio del Interior, frente a Amnistía Internacional y presentó numerosos Habeas Corpus, entre otras cosas.
Por su parte, Carlos concurrió a testimoniar respecto a la desaparición de su hermana, Cecilia Marina Viñas de Penino y de su cuñado Hugo Reinaldo Penino. Al momento de su desaparición forzada, Cecilia tenía 30 años y estaba embarazada de 7 meses. Ella trabajaba en “Nexo Publicidad” y había abandonado sus estudios de psicología debido al embarazo. Hugo por su parte tenía 28 años cuando su secuestrado. Estudiaba Ciencias Económicas y trabajaba en “Ford Copello”. Ambos habían trabajado en RUCAMAR, donde ella fue delegada de base de SMATA.
Carlos también se refirió a la apropiación de su sobrino, Javier Gonzalo Vildoza, por parte del ex-director de la  ESMA, Jorge Vildoza. En dicho contexto se refirió a la “recuperación de la identidad de Javier, mas no de su libertad” y habló de la estructura que sustentó a los represores en fuga tras el advenimiento de la democracia. Cecilia padeció su “traslado final” ya en democracia, tras más de seis años de secuestro.10
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